
Cuando miremos el mundo con los ojos del vidente, encontraremos que la persona que es llamada sabia y aquél que es llamado tonto, están más cerca uno del otro de lo que ordinariamente se piensa; sus diferentes ocupaciones e intereses son mucho más similares de lo que generalmente parece, en la desbalanceada condición de la vida.
El equilibrio es algo que raramente se encuentra entre los místicos o entre las demás personas. Cuando nos interesamos en algo, es nuestra naturaleza querer más y más de ello: no importa si el objeto de interés es espiritual o material. Si nos volvemos muy espirituales perdemos el mundo. Si no fuera nuestra misión vivir en este mundo, no nos hubieran mandado aquí.
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